Ángeles de Polonia

  • 31.Jul.2015

Luego de 3 meses trabajando medio tiempo como profe de inglés en algún que otro kindergarten en China, decido comenzar otra aventura, no es que me haya cansado de aquel país que tanto me dio y que tan poco recorrí, es que solamente me hervía la sangre por salir de mi segunda zona de confort. Y fue así como de un día para otro, averiguo precios de pasajes para Alemania y en cuestión de días estoy viajando.

Claro que la decisión había sido fácil y estaba muy seguro de ella, pero creo que si no hubiese sido por las recomendaciones de abrigo de Pepe, me habría encontrado de cara con la helada realidad de aquel 2 de Diciembre en el norte de Europa, ya que yo estaba muy de verano.

2 de Diciembre del 2014. Berlín, Alemania – Argentina había perdido la final del mundial de fútbol Brasil 2014 ante Alemania, por lo que los agentes aduaneros jugaron algunas bromas conmigo al ver mis documentos. Entre broma y broma, sellan mi pasaporte y con un “Willkommen in Deutschland!” ingreso al Aeropuerto int’l de Berlín.

¡Berlín!.. ¿Y ahora?

Ok. Heme aquí. ¿Ahora?. Así tal cual lo escribo fue como mi cabeza me planteó la situación para luego dispararme con un “No conoces a nadie. No sabes hablar alemán. No tenes plata para darte ciertos lujos, como el de ir a la ciudad, alimentarte, hospedarte y continuar viaje. Hay que resolver esto.“. Decidí deambular por el aeropuerto mientras me decidía y fue cuando entonces logré acomodarme estratégicamente en una de las salas de espera hasta que finalmente me quedé dormido.

Amanezco a las 8am al día siguiente, bien descansado y listo para resolver mi situación. Primero lo primero: debo desayunar algo. Me compro un sandwich en el aeropuerto. 5 euros, ouch… golpe bajo. Pero me había ahorrado ya en transporte y alojamiento. Me siento nuevamente en esa cama provisoria y sigo pensando. Por la tarde recibo inesperadamente un mensaje de Jasmina, una chica polaca que conocí en Yangshuo mientras hacíamos un voluntariado:

Jasmina:¡Hey, chico! ¿Cómo estás? ¿Por dónde andas?
Yo:¡Hola, chica! Estoy en Alemania, llegué hace un par de días!“, suelo mentir para demostrar que nada malo ocurre, aunque, a decir verdad, nada malo ocurría, solo que no sabía que hacer.
J:¿En serio? ¡Deberías conocer a mis padres! Viven a dos horas por tierra de Berlín, en Poznan, Polonia.
Yo:Podría ir a visitarlos. ¿Crees que no será problema?
J:¡Claro que no! Mi familia es encantadora. ¡Mi madre es un ángel! ¡Serás bien recibido!

¡El universo acababa de hacer uno de sus movimientos a mi favor! Resuelvo ir a conocer a la familia Jasinski pero me faltaba el saber como llegar hasta allí.

La solución cae en una aplicación de la cual había escuchado tiempo atrás: blablacar.com. Descargo la aplicación, me registro, y busco quien vaya desde Berlín a Poznan. Encuentro un viaje. Me pongo en contacto con el dueño del auto que haría el recorrido. Felizmente coordinamos que me pasaría a buscar por el Aeropuerto y luego de un par de horas, ahí estaba este “usuario” con su coche modelo viejo y algo venido abajo, pero lo que se destacaba era el gesto del dueño del mismo. Abre el baúl y comienza a sacar un sinfín de objetos viejos, ruedas, computadoras, bolsas con basura. Era interminable. Logramos acomodar mi mochila y vuelve a poner todo en su lugar. Me siento atrás, como pude (debiendo acomodar otras bolsas de basura sobre mi) y me presento. En el asiento del acompañante ya había una chica que estaba viajando de la misma manera. Ella era polaca, no hablaba otro idioma. El inglés del conductor tampoco era el óptimo, pero lo importante es saber comunicarse. Comenzamos el viaje.

Viajando por tierra a Poznan, Polonia.

Iba en el asiento de atrás, con bolsas con parte de computadoras y otras muchas cosas sobre mí. Adelante llevaban una buena charla. Escuchábamos algo de música de fondo. Pero todo eso se opacaba con mi sensación de “¡Que flash me estoy comiendo!“. Cruzamos frontera y nos quedaba una hora de viaje más. En ningún momento pasó por mi cabeza un sentido de inseguridad. Estaba cómodo y fuera de peligro.

Estación de trenes en Poznan, Polonia.
Estación de trenes en Poznan, Polonia.

Llegamos a la estación de trenes de Poznan y ahí me bajo. Me comunico con Barbara (la madre de Jasmina) por teléfono y le aviso que ya estaba en la estación. Minutos después, pasan a buscarme. La recepción que tuve por parte de Barbara y Richard fue genial. Ellos son mi primer familia fuera de Argentina.

Un mes viviendo con esta familia que no dudó un instante en compartir su vida conmigo haciéndome parte de ella. Salía a pasear con Mollier y pasaba tiempo con Afera (los canes de la flia); conocí el colegio de Koko y Lila y hasta asistí al acto de navidad que realizaron junto a sus padres; Conocí y charlé con algunos amigos y familiares de Lukasz y Joanna; cené junto a Barbara y sus amigos donde me encontré compartiendo unos cuantos shot de vodka junto a un hombre mayor con quien congeniamos rápidamente al grito de “Na zdrowie!” (¡Salud! en Polaco).

Acto de navidad en la escuela experimental de Koko y Lila
Acto de navidad en la escuela experimental de Koko y Lila

Unos días antes de continuar viaje, me invitan a pasar la navidad junto a ellos, y no pude decir que no. Aún lejos de los míos, esta familia me hizo sentir como en casa.

Esta historia fuera del plan, cambiaría mi rumbo de viaje durante los próximos meses.

Año nuevo en Zamosc, Polonia.

Era tiempo de continuar viaje y mi plan de volver a Alemania se ve demorado por la sugerencia de la familia de Jasmina y ella en visitar a la familia de Marcin (la pareja de Jasmina a quien también conocí en Yangshuo, China). Junto a este nuevo plan se le suma la invitación de Alex (amiga que conocí en mi tiempo en Guangzhou, China) de pasar la navidad greco-católica en Ucrania junto a su familia para conocerlos tanto a ellos como a la tradición de su tierra. Ya mi camino no dependía de mi. La vida estaba obrando por cuenta propia. Yo solo asentía con la cabeza y me dejaba llevar. El 27 de Diciembre viajo a Zamosc, una ciudad ubicada al sureste de Polonia.

Por una de esas locas cuestiones de la vida, la combinación de bus me salió mal por lo que tuve que dormir afuera de la estación bajo un techo de parada de colectivos a unos -10C° y nevando. Me propuse despertarme cada media hora (o cada vez que sienta que me voy de este mundo), ponerme la mochila, y hacer ejercicios para no perder calor corporal. Eran las 23hs y el próximo bus salía a las 8hs. Alrededor de las 4am, encuentro abierta la puerta de una entrada un baño público que se encontraba en el subsuelo. El espacio de ese lugar era lo suficiente para poder dormir “un poco más cómodo”. Amanezco a las 7am desparramado en ese cuarto de 2×2 mts y babeado como si fuese la mejor dormida de mi vida, con algunos extraños que entraban y salían mientras me miraban. Me alisto y voy en búsqueda del bus que me llevaría a destino.

Llego a la estación en Zamosc y me comunico con Michal, el hermano de Marcin, quien me encontraría minutos más tarde ahí mismo. Vamos hasta su casa donde me presenta a su familia e inmediatamente su madre se preocupó por mi bien estar como si se tratase de mi propia vieja, aun sin compartir idioma.

30 de Diciembre del 2014. Zamosc, Polonia. A horas de año nuevo, salgo a caminar por la ciudad y en un momento me encuentro frente a la plaza principal donde habían varios shows públicos. Decido quedarme ahí hasta que sea la hora del brindis oficial. A las 22hs, Tomasz (hermano de Michal y Marcin) me encuentra en la plaza central:

Tomasz, quien no habla inglés, grita: “¡Victor! ¡Eeeeh, Victor! ¡My friend!”.
Yo, que no hablo polaco solo me quedaba decir: “¡Eeeeaaah, Tomasz, my friend!”

Repetimos esas mismas lineas varias veces hasta que él me hace dos señas que entendí enseguida: “veni” y “tomar”. Me sumo a la causa sin dudarlo. Fuimos a un bar donde conocí a algunos de sus amigos con quienes solo compartí algún intento de charla ya que no teníamos idioma en común. Pero la comunicación se hizo presente y hasta algo divertida.

Minutos antes de las 24hs, volvemos a la plaza central donde, luego de una cuenta regresiva, comienza a sonar “Du Hast” de “Rammstein” para dar y marcar el paso a los fuegos artificiales. ¡Locura! Brindis viene, brindis va, termino de alguna forma en la casa de una pareja amiga de Tomasz junto a sus amigos charlando sobre la vida y tomando vino casero.

Una semana excelente junto a Michal, su familia y amigos, quienes también me invitaron a hacer snowboard, actividad que nunca antes había practicado.

Era hora de continuar. El 5 de Enero comienzo viaje a Ivano Frankivsk, Ucrania, donde pasaría una semana conociendo no solo a familiares y vecinos de Alex Kozak, sino también la tradición navideña local.

Navidad round 2: Ivano Frankivsk, Ucrania.

Llegar a Ivano no fue tan dificil como me lo imaginaba, si me “shockeo” bastante encontrarme de lleno con el alfabeto cirílico en mi primer parada en Lviv donde tenía que cambiar de estación para luego llegar a Ivano. Luego de un par de vueltas por acá y por allá e intentar adivinar por donde pasaba el trolley y hasta donde tenía que ir yo, llego a la estación desde donde me tomo el bus que lleva directo a Ivano. Arribado y algo descansado, le aviso a Alex que ya estaba en posición. Me pasa a buscar y vamos para su casa. Por la tarde conozco a sus padres, con quienes conversé gracias a la traducción de Alex, quien a veces insistía para que me comunique con ellos sin su mediación. Por la tarde recorreríamos un poco la ciudad y al día siguiente visitaríamos a su abuela, donde pasaríamos la tradicional navidad.

Con alex y dos de los actores que representaban unos de los 'vertep' que recorrían las casas del barrio.
Con alex y dos de los actores que representaban unos de los ‘vertep’ que recorrían las casas del barrio.

Conozco a su abuela y a su hermano junto a su familia. Nuevamente intentamos cruzar alguna que otra charla y creo que nos hemos hecho entender. Luego de la cena, donde se comparten varios platos típicos y el padre de la familia da un discurso, salimos a reunirnos con los vecinos para recorrer el vecindario anunciando el nacimiento de cristo cantando villancicos.

En esas últimas semanas había recibido la respuesta de un anfitrión que buscaba intercambiar ayuda en Rumania. Con mi posición actual en Ucrania, me quedaba cerca para continuar viaje. Pero esto ya es otra historia.

Agradecimientos

  • A Pepe por compartir su sabiduría y hacerme zafar del frío Alemán.
  • Al personaje de blablacar.com que me alcanzó hasta Poznan.
  • A Jasmina, Marcin, Barbara, Richard, Joanna, Lukasz, Koko, Lila, los caninos Mollier y Afera, Monika y los vecinos de Poznan por todo lo que compartieron conmigo.
  • A Michal, Tomasz, la madre de ellos, al pequeño bart, a la canina Lula, Marcin, Ewa por mis días como huésped y amigo de ellos.
  • Y eternamente agradecido también a Alex Kozak y toda su maravillosa familia que tampoco dudó en hospedarme y dejarme ser parte de su tradición y fe.

1 comentario

  • Viktor H. Morales | Memorias de un vagabundo: Un viaje por el 2015

    […] en artículos como “Viajar: mi primer viaje fuera del país (de Argentina a China)” y “Ángeles de Polonia”. De ahí retomamos la historia y repasamos a grandes rasgos lo más importante de este […]

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